diumenge, 4 de novembre de 2012

Aquí us penjo un escrit d'en Berto Romero en el diari Público del 26 de gener del 2009 , desitjo que us agradi :







Quiero que me la arreglen

Cuando compré mi licuadora,en el año 2003, tuve que soportar muchos comentarios de este tipo: “La vas a usar dos días y luego la pondrás a criar polvo en una estantería”.Entonces no lo sabía, pero me he dado cuenta de que las licuadoras suelen soportar este estigma. Son consideradas electrodomésticos superfluos, objetos caprichosos.Quizá espoleado por ello, o quizá porque soy hombre de licuadora, la he usado con relativa periodicidad durante todos estos años. Y mi licuadora ha funcionado bien. Ha respondido de una forma inusual para ser un electrodoméstico moderno. Cuando yo era un chaval los electrodomésticos y los objetos en general, fueran caprichosos o no, solían llevarse a reparar cuando se estropeaban. Progresivamente,fueron sustituidos por una nueva generación de objetos, esta vez
con fecha de caducidad. Provistos de una suerte de temporizador interno que no les dejaba funcionar más allá de los cinco años, como máximo. Así las cosas, los técnicos en reparacionesfueron sustituidos por vendedores armados con la frase “le va a salir a usted más a cuenta comprarse uno nuevo”.Y lo mismo ocurrió con los empleos las relaciones afectivas y, en general, con todo. Hoy por la mañana he ido a hacerme un zumo y mi licuadora se ha atascado. Y resulta que se me ha metido en la cabeza que no quiero comprarme una nueva. Sé que no hago ningún bien a la crisis económica, porque se supone, ya lo habrás oído, que es responsabilidad mía como consumidor por dejar de comprar.
Pero es que esta vez quiero que me la arreglen.

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